La edad influye

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No todas las personas necesitan el mismo número de horas para dormir. De manera muy importante influye la edad.

Descansar evoluciona con nuestro organismo precisando más horas de sueño al inicio de la vida y menos a medida que nos acercamos a la vejez. Esto influye en la cantidad de ciclos del sueño. Por eso es importante realizarlos todos sin interrupción para conseguir todas las fases de reparación, ¡de descanso!

Durante la infancia…

Un recién nacido suele dormir aproximadamente 18 horas (12 ciclos del sueño aprox.). Al cumplir el primer mes de vida 16 horas (10 ciclos del sueño aprox.).A los dos/tres meses ya es capaz de distinguir entre el día y la noche, y dormir durante toda la noche. Al año duermen unas 12 horas (8 ciclos del sueño aprox.) reduciéndose a 9/10 horas (6 ciclos del sueño aprox.) cuando empiezan la educación escolar. Esta cifra va disminuyendo hasta una media de 8 horas (5 ciclos del sueño aprox.) hasta que se acercan a la adolescencia.

Durante la adolescencia…

En este periodo aumentan las horas de sueño debido a los cambios morfológicos. Un adolescente necesita dormir entre 8 y 9 horas (6 ciclos del sueño aprox.).

Durante la edad adulta…

De los 20 a los 40 años es recomendable dormir una media de 8 horas (5 ciclos del sueño aprox.). Entre los 40 hasta los 60 años esta se reduce a 7 horas (5 ciclos del sueño aprox.).

Durante el embarazo…

Las mujeres embarazadas suelen aumentar las horas de dormir durante el inicio de la gestación. A medida que pasan los meses estas se van regulando. Al final del periodo suelen dormir menos debido al crecimiento del embrión.

Durante la vejez…

A partir de los 60 años las horas de dormir se reducen a 6 horas (4 ciclos del sueño aprox.) nocturnas y 2 horas (1 ciclo del sueño aprox.) diurnas.

En Dima[x] te recomendamos nuestros sistemas de descanso que te ofrecen las mejores prestaciones para dormir (Wiki artículo: Descanso ideal) y al mismo tiempo te aconsejamos crear un ambiente de descanso, habitación fija o de uso habitual, con: muy poca luz (bajar persianas o tirar cortinas y apagar los aparatos electrónicos si es posible), bajo ruido (zonas tranquilas o paredes aisladas acústicamente) y alta ventilación (ventanas abiertas en verano y puertas abiertas en invierno).